miércoles, 29 de septiembre de 2021

El tren



 Ahora una del tren

Monte Redondo es una comarca de gente buena y mala, en los últimos tiempos la geografía ha cambiado debido al Huracán Mix, también a las erupciones del volcán Cerro Negro, específicamente la del 1992, este lanzó cantidades de arena que cayeron como lluvia por toda la comarca.

 En un tiempo fue un lugar lleno de vida  de mujeres  vivanderas, por lo general madres solteras que luchaban  a diario para levantarse a las tres de la mañana,  y luego de dejarles listo  el desayuno a sus hijos,  encargar el cuido de los niños menores a la hija mayor, a ella también le encomendaban la cocina principalmente debía hacer las tortillas, ya que era  la principal comida del lugar.

 Viajaban en el tren a vender al mercado, de la cercana ciudad de León, ese negocio en un tiempo fue  muy lucrativo,  por lo que las casas de palma, tejas y madera bruta,  se convirtieron en casas de paredes de concreto y zinc, sus paredes se cubrieron con espejos,  fotos y cuadros que llegaron a darle mas colorido aquella vivienda llena de chiquillos bulliciosos.

 La comarca es atravesada por un camino, el que inicia  en el Reparto Oscar Péres Cassar, saliendo del baypas, hay  alrededor de cinco kilómetros para llegar a la comunidad, unos veinte minutos duraba en llegar el tren.

  La Línea del Ferrocarril, atravesaba la comarca, el transporte en ferrocarril fue muy floreciente y prospero, tuvo sus años de auge, pero en los años noventa, cuando ya los trenes y ferrocarriles corrían vacíos, la empresa quebró, y cerró.

No más trenes que rebalsaban de gente, que viajaba al Sauce para las fiestas patronales, no mas chicos en el techo del tren haciendo equilibrio, y yo preguntándome como no caían con el movimiento del tren corriendo por los rieles, si se caían irían  a una muerte segura, tantos chicos guapos,  viajando ahí, ya haciendo comentarios maliciosos sobre las muchachas que nos subíamos a los vagones:

- Esa me gusta

- No esa es la mía 

- ¿Qué te pasa, calmaos?

 El principal destino era El Sauce, famoso lugar por sus coloridas fiestas patronales, nosotros, mi madre, mis hermanas y yo, siempre íbamos con nuestros vestidos coloridos, queriendo lucir lo más guapas posible, y si, teníamos enloquecidos a varios chicos.

El Sauce era el lugar donde íbamos ya sea a pagarle promesas al señor de Esquipulas por los favores recibidos  o a bailar en una de las fiestas, que exhibían sus luces cambiantes, la novedosas disco móviles, ahí,  Andrómeda,  Irving o Disco Vídeo Luna, lo más genial para nosotros los jóvenes de ese tiempo,  que andábamos buscando emparejarnos... ¡Qué tiempos aquellos¡¡

Todos Los días,  los pocos niños que tuvieron la oportunidad  de estudiar,  viajábamos a la cercana ciudad de León, regresábamos en el viaje de la una de la tarde junto con el humo de la chimenea   del tren, llegábamos a la estación con hambre buscando nuestras casas, para almorzar, eran apenas alrededor  de cinco, incluyéndome.

Un día íbamos todos los estudiantes en el último vagón  del tren, el de la cola, cansado viajaba sobre los rieles el viejo coloso con todas las vivanderas y estudiantes  a cuestas, solamente los pocos estudiantes de Monte Redondo  viajábamos en el vagón colero, este parecía  una canasta abierta, nos  asíamos de la orilla, para no caer,  no tenía asientos,  era más que todo un vagón de carga, ese día un solitario Chele(gringo), "supongo", también podía pasar por europeo, pero no creo, en ese tiempo comenzaban a venir los cheles y a esparcirse por Nicaragua ya sea por curiosidad o para conocer las mieles de la incipiente revolución, iba con nosotros en el vacío vagón brincando como era costumbre en este tipo de transporte.

  Bajamos todos los estudiantes en cuanto se detuvo la vieja máquina, en la primera estación, paro que era la nuestra,  él gringo  quedó en solitario, seguro iba para El Sauce, o ¡no sé para dónde!,  se le sumó una señora que se subió en Monte Redondo, al arrancar de nuevo el tren,   que nosotros acabáramos de dejar, este se descarriló, chirriando como loco por los rieles, llegando a la cantarilla, (como llamábamos al puentecito)  y comenzó a dar saltos en los durmientes, dando señales de volcarse,  El pobre gringo se puso rojo, y se tiró al piso del vagón,  ¡no se como le vi el color desde abajo! pero se puso rojo  y la señora que acababa de subir gritaba como loca, el maquinista, ni los cobradores podían ver porque iban en los vagones delanteros, nosotros al ver esto desde  abajo, gritábamos también para ayudarles, y le hacíamos  señales con las manos a los  cobradores, que prontamente nos vieron, y  detuvieron  el tren, después de reparar el daño... siguieron su camino, con su dinosaurio negro....  Creo que el gringo se asustó muchísimo, no quería morir en Nicaragua. Supongo que volvió sano y salvo a Gringolandía, supongo, por que nunca más lo volví a ver... 

Otra anécdota de las muchas que tengo por contar...

lunes, 27 de septiembre de 2021

El Loco de Pillo

 EL ​​MUCHACHO  DE PILLO 

Él Andaba por el camino arrastrando las plantas de sus pies,  formando una nube de polvo   caminaba  rápido por los caminos de la comarca Monte Redondo,  mucha gente le tenía cariño,

porque él se daba a querer, era muy cariñoso, era solo un joven muy conversador  aunque no era muy coherente, 

Pero en algunos aspectos parecía ser cuerdo. Su nombre era Andrés, pero todos le decían Andrecito de cariño.  

Su papá se llamaba Pillo;  todos le llamaban Pillo l..., era su alias. Era un señor alegre, que quería mucho a si hijo.

 Un día el chico desapareció, no volvió a casa lo buscó y no lo encontró,  preguntó a todos los vecinos si lo habían visto, de la  comarca, volteó  cada piedra de la comarca buscó en cada rincón, pero nadie lo había visto, pasaron los días y su papá buscaba en vano, loco de tristeza, sin saber que le había pasado.

 Algunas personas le dijeron que lo vieron al lado de las faldas de los volcanes de la cordillera de Los Maribios,  surgieron muchos  rumores.

La  comunidad  organizó una búsqueda en la camioneta de uno de ellos, fueron hasta la cordillera de Los Maribios, donde decían haberlo visto, a las faldas de los volcanes.

 Con mucha esperanza de encontrarlo,  partieron muy optimistas; diciéndoles a todos que los esperaran que iban a volver  con el muchacho, y que la señal de que ya lo traían iba a ser que iban a venir tocando la bocina sin parar, para que todos salieran de sus casas a celebrar.

 Pero no fue así,  a la media noche volvieron en silencio. 

Se organizaron brigadas de Voluntarios y familiares que peinaron los alrededores creyendo

que tal vez estaba desorientado en la montaña, lo buscaron al lado del Tololar , El Jicarito, Telica y

nada, lo buscaron  en huertas y casas, en  las faldas de los cerros de la cordillera de los Maribios,

caminando, preguntando,  siempre  con la esperanza de encontrarlo, pero todo fue en vano.


 Al final concluyeron que había muerto pero no se sabía cómo o si alguien le hizo algún daño irreparable. 

 Su muerte pasó desapercibida al igual que los muchas otras que se dieron en la comunidad a manos de

los matones de ese entonces,  cuando la vida valía cinco centavos.


Pero como no hay nada oculto entre cielo y tierra,  con el tiempo se escucharon algunos rumores y teoría  sobre su desapareción:

 La teoría más fuerte fue  que fueron unos agricultores que tenían unos cultivos en un lugar un poco alejado de la comunidad, cierto día  iban muy temprano a las cuatro de la mañana  a trabajar la tierra, pero antes  se detuvieron a comprar algo en la pulpería, y Andrecito, el chico,  se subió al tráiler del tractor en que viajaban los agricultores.

 Nunca se supo a ciencia cierta si se lo llevaron intencionalmente o como dicen otras versiones  que  estos trabajadores  lo vieron hasta que estaban en los cultivos, lo que pasó después es un misterio, dicen que llevaban veneno para fumigar los cultivos y que el veneno tenía  sabor un poco de dulce que llevaba  melaza para atraer la plaga, entonces el chico  inocentemente lo probó sin que los demás se percataran y le sintió buen sabor,  por lo que decidió beberlo y se intoxicó,  probablemente  lo encontraron inconsciente o tal vez  ya estaba ..., al ver esto  los trabajadores se asustaron y buscaron  palas y lo enterraron,  ahí mismo,  todo esto son hipótesis y teorías, pero muchos dijeron que esta era la versión mas fidedigna, en fin la verdad  nunca se supo  exactamente, pero uno de los que estuvieron ahí presente dieron esa versión bastante acertada pero en confidencia con un amigo, nunca se dijo quién fue.

 Al parecer nunca se supo si las autoridades hicieron algo o encontraron algo, a mucha gente le pasan cosas malas sin que los verdugos tenga  consecuencias, tengo muchas mas historias, nunca se comprobó nada, y los que sufrieron más su papá y su mamá, otro crimen impune.

domingo, 26 de septiembre de 2021

El Cerro Negro

 


  • Cómo vivimos la erupción del Cerro Negro en 1992.

En 1992, explotó el Cerro Negro, nosotros estábamos precisamente en la dirección por donde

el viento llevaba directamente la ceniza hacia nuestra casa, a las ocho de la noche nos

acostamos todos a dormir, pero a eso de las nueve empezó la fuerte tormenta,  todos nos

dijimos es la lluvia; gracias a Dios, dijo mi madre,  ya que todo ese año había habido una


gran sequía,  el maíz se estaba secando y pedíamos a gritos la lluvia, mi mamá se levantó a

meter la ropa que tenia secando al sol, extendió su mano desde dentro, para ver si estaba

fuerte la brisa ya que se escuchaba tronar en en zinc, pero al momento se dio cuenta que le

picaba en la mano las gotas supuestamente de lluvia:  y esta chochada; - nos dijo.- 

;Esto no es lluvia, parece tierra;, mi padre se apresuró a ver que pasaba, algunos de los

vecinos creían que era el fin del mundo, hasta que se percataron,  al salir al patio y mirar el

resplandor a lo lejos, que era el cerro; que bramaba con toda la bravura, e inclementemente

nos lanzaba nubes de arena que caía  en nuestras casas, al momento todo era un caos, solo

mi hermano que tenía un año, dormía plácidamente, mi madre y yo  nos asustamos tanto que

tomamos en brazos al niño y comenzamos a correr, hacia donde mi abuela, pensamos que de

allá podíamos huir en el tractor de mi tío, al cual le ponía un trailer grande.

Corríamos pero el niño pesaba, mi mamá me lo dio, y yo corría unos minutos con él en brazos,

y así íbamos cambiando hasta que llegamos.

Mi abuelo nos calmó. nos dijo: vamos a esperar, tal vez se calma, a la mañana siguiente una

gruesa capa de arena negra cubría el patio de la casa, parecía un desierto insólito en donde

no habían huellas humanas.  Mi hermanito estaba contento al ver tan licito y limpio el patio

parecía una gran playa de arena negra y se tiró al suelo a jugar.

Mis hermanas que estudiaban en la ciudad, llegaron a ver el desastre, al caer la tarde del día

después, la arena arreció, todo el alimento que fabricábamos y lo llevábamos a la boca tenía

arena que tronaba en los dientes, se colaba en los ojos, gracias a Dios que aún  no padecía

de asma.

Al medio día el cielo estaba oscuro y a medida que corría la tarde se llenaba de un tinte negro,

decidimos abandonar el lugar, nos fuimos juntos toda la familia pero al llegar a un gancho de

camino, dónde estaba el enigmático árbol de mora, mi padre se despidió de nosotros y se fue

para donde sus familiares, y nosotros  con mi madre para donde los de ella, fue una

despedida triste, parecía que no nos volveríamos a ver, mis hermanas abrazaron a mi papá

llorando, yo solo me quedé mirando siempre fui la más fuerte.  Dormimos todos en el suelo,

donde mi abuela, y al día siguiente partimos en el trailer de mi tío,  hacia la ciudad de León,

ahí estaríamos mejor ya que había agua potable, y en nuestra finca no y debido a la arena no

podíamos halar el agua del pozo, sin que saliera con puños de tierra.

Mi abuelo se quedó solo, cuidando la casa y soportando la miseria, con la arena en los ojos, y

en todo que le caía, tristemente en soledad, solo con la arena y el silencio, al cabo de dos días

seguía cayendo arena, pero mi madre y yo decidimos ir a verlo si seguía vivo,  a ver como

estaba todo y lo encontramos a mi abuelo barriendo el techo de la casa para que no se

desplomara con el peso de la arena, el estaba cenizo de toda la tierra que le había caído,

 pero conservaba su buen humor, se sonrió conmigo y me dijo;No te preocupes muchacha,

me dieron muchas ganas de llorar encontrarlo ahí, luchando, pero ese era mi abuelo fuerte y

siempre de buen humor, en los momentos más tristes.


Mary Caballero

Nicaragüense (1971)

el 7 de diciembre

No sé

Me lo encontré en el cielo, Ese cielo poblado de ángeles y estrellas,💓 la música celeste llegaba a mis oídos mística y difusa. Le llamé, no...