Ahora una del tren
Monte Redondo es una comarca de gente buena y mala, en los últimos tiempos la geografía ha cambiado debido al Huracán Mix, también a las erupciones del volcán Cerro Negro, específicamente la del 1992, este lanzó cantidades de arena que cayeron como lluvia por toda la comarca.
En un tiempo fue un lugar lleno de vida de mujeres vivanderas, por lo general madres solteras que luchaban a diario para levantarse a las tres de la mañana, y luego de dejarles listo el desayuno a sus hijos, encargar el cuido de los niños menores a la hija mayor, a ella también le encomendaban la cocina principalmente debía hacer las tortillas, ya que era la principal comida del lugar.
Viajaban en el tren a vender al mercado, de la cercana ciudad de León, ese negocio en un tiempo fue muy lucrativo, por lo que las casas de palma, tejas y madera bruta, se convirtieron en casas de paredes de concreto y zinc, sus paredes se cubrieron con espejos, fotos y cuadros que llegaron a darle mas colorido aquella vivienda llena de chiquillos bulliciosos.
La comarca es atravesada por un camino, el que inicia en el Reparto Oscar Péres Cassar, saliendo del baypas, hay alrededor de cinco kilómetros para llegar a la comunidad, unos veinte minutos duraba en llegar el tren.
La Línea del Ferrocarril, atravesaba la comarca, el transporte en ferrocarril fue muy floreciente y prospero, tuvo sus años de auge, pero en los años noventa, cuando ya los trenes y ferrocarriles corrían vacíos, la empresa quebró, y cerró.
No más trenes que rebalsaban de gente, que viajaba al Sauce para las fiestas patronales, no mas chicos en el techo del tren haciendo equilibrio, y yo preguntándome como no caían con el movimiento del tren corriendo por los rieles, si se caían irían a una muerte segura, tantos chicos guapos, viajando ahí, ya haciendo comentarios maliciosos sobre las muchachas que nos subíamos a los vagones:
- Esa me gusta
- No esa es la mía
- ¿Qué te pasa, calmaos?
El principal destino era El Sauce, famoso lugar por sus coloridas fiestas patronales, nosotros, mi madre, mis hermanas y yo, siempre íbamos con nuestros vestidos coloridos, queriendo lucir lo más guapas posible, y si, teníamos enloquecidos a varios chicos.
El Sauce era el lugar donde íbamos ya sea a pagarle promesas al señor de Esquipulas por los favores recibidos o a bailar en una de las fiestas, que exhibían sus luces cambiantes, la novedosas disco móviles, ahí, Andrómeda, Irving o Disco Vídeo Luna, lo más genial para nosotros los jóvenes de ese tiempo, que andábamos buscando emparejarnos... ¡Qué tiempos aquellos¡¡
Todos Los días, los pocos niños que tuvieron la oportunidad de estudiar, viajábamos a la cercana ciudad de León, regresábamos en el viaje de la una de la tarde junto con el humo de la chimenea del tren, llegábamos a la estación con hambre buscando nuestras casas, para almorzar, eran apenas alrededor de cinco, incluyéndome.
Un día íbamos todos los estudiantes en el último vagón del tren, el de la cola, cansado viajaba sobre los rieles el viejo coloso con todas las vivanderas y estudiantes a cuestas, solamente los pocos estudiantes de Monte Redondo viajábamos en el vagón colero, este parecía una canasta abierta, nos asíamos de la orilla, para no caer, no tenía asientos, era más que todo un vagón de carga, ese día un solitario Chele(gringo), "supongo", también podía pasar por europeo, pero no creo, en ese tiempo comenzaban a venir los cheles y a esparcirse por Nicaragua ya sea por curiosidad o para conocer las mieles de la incipiente revolución, iba con nosotros en el vacío vagón brincando como era costumbre en este tipo de transporte.
Bajamos todos los estudiantes en cuanto se detuvo la vieja máquina, en la primera estación, paro que era la nuestra, él gringo quedó en solitario, seguro iba para El Sauce, o ¡no sé para dónde!, se le sumó una señora que se subió en Monte Redondo, al arrancar de nuevo el tren, que nosotros acabáramos de dejar, este se descarriló, chirriando como loco por los rieles, llegando a la cantarilla, (como llamábamos al puentecito) y comenzó a dar saltos en los durmientes, dando señales de volcarse, El pobre gringo se puso rojo, y se tiró al piso del vagón, ¡no se como le vi el color desde abajo! pero se puso rojo y la señora que acababa de subir gritaba como loca, el maquinista, ni los cobradores podían ver porque iban en los vagones delanteros, nosotros al ver esto desde abajo, gritábamos también para ayudarles, y le hacíamos señales con las manos a los cobradores, que prontamente nos vieron, y detuvieron el tren, después de reparar el daño... siguieron su camino, con su dinosaurio negro.... Creo que el gringo se asustó muchísimo, no quería morir en Nicaragua. Supongo que volvió sano y salvo a Gringolandía, supongo, por que nunca más lo volví a ver...
Otra anécdota de las muchas que tengo por contar...
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