martes, 5 de octubre de 2021

El 7 de diciembre

 El SIETE DE DICIEMBRE

El siete de diciembre siempre se ha celebrado en grande, en mi pequeña comunidad, mi abuela

siempre engorda un cerdo para cocinarlo en esta ocasión, yo estoy con ella acompañándola

mi abuelo se ha ido a las tres de la mañana a buscar al matarife, el experto en sacrificar los

cerdos, para que llegue a la cocina la carne fresca, que es  elaborada de varias maneras:  en frito con

yuca, en sopa, y el platillo principal del siete que es el nacatamal, lo que me molesta es que

van a matar al pobre cerdo, yo lo cuidaba y le daba de comer, esto me duele mucho, ya viene

Don Pascual con su machete filoso, yo quiero irme, alejarme para no escuchar el llanto del

pobre cerdo, mi abuela me toma de la mano y me dice: vamos muchacha,  nos vamos a alejar

un poco, y nos vamos allá a la línea por donde pasa el tren, solo son como 100 metros, y ya el

cerdo empieza a sufrir el término de su vida, yo me tapo los oídos, pero aún se escucha su

llanto de dolor, nadie lo ayuda más bien ayudan al matarife para que no se mueva, no tiene

derecho ni a moverse, quiero llorar yo también, ya termina su sufrimiento, es un momento

agridulce pronto estará el rico desayuno preparado por mi abuela, y después a cocinar los

nacatamales, ya empieza la bulla, y la carne cocinada empieza a despedir un olor que

despierta el apetito, yo tengo sueño estamos despiertos desde las tres de la mañana y ahora

el sol pinta sus rojos rayos en el horizonte, las gallinas se comienzan a lanzar al suelo desde

el árbol de jícaro y el boby menea la cola y vela atentamente a los que ya están comiendo, el

quiere también compartir el festín de cerdo.

Mi abuela ha hecho un fuego improvisado en el patio con tres grandes piedras, yo lo atiza,

ahora está buscando la olla más grande, la encuentra detrás de unos barriles polvosos y

sonríe; - Aquí está esta jodida, luego mira a mi madre y dice; esta olla era de mi mamá.


 Ahora hay varias mujeres en la cocina amarrando los nacatamales, el llanto del cerdo ha

quedado atrás y ya no me acuerdo, ahora río con mis hermanas, y estamos sentadas en el

suelo, mientra a una le toca el turno de saltar en la rayuela.


Todas reímos porque ella resbala y cae, estamos felices, más tarde iremos a gritar, significa ir

a pedir caramelos y otros dulces, en nombre de la virgen María.

Mi abuela atiza el fuego y le grita a mi mama; -


- María, ya es hora de comenzar a hacer el altar, mandá a un chavalo a cortar las ramas de madroño, desde adentro del cuarto mi mamá responde: -Ya voy, ya te oí..

Muchas ramas de madroño están el piso, hay un olor a diciembre en el aire, miro a la Virgen

que la acaban de poner en el altar y me parece que es tan linda, si hubiera vivido ahora,

podría ser una modelo..., las órdenes de mi mamá me sacan de mi ensimismamiento,

- Muchacha, tráeme los libritos de cantos a la virgen.


 - ¿Dónde están mama?, 

-están en el cofre que está a los pies de la cama de tu abuela, apurate, que tengo otras cosas que hacer,

-ya voy mama.


Ya casi es de noche le pido a mi mama, el vestido que me estaba haciendo ayer, es tan lindo

y lo bueno es que me lo voy a estrenar esta noche, la parte de la camisa es naranja con unos bordados y

tiene unos tirantes que se amarran atrás, y la falda es crema con unos estampados pequeños,

me siento muy bien las otras niñas me tendrán envidia y fijarán su mirada en mi vestido, además

soy la chavala más bonita en este lugar. 


Ya nos vamos a gritar, vamos a ir con las chavalas de doña Eva, porque mi mama ahora dice

que está agitada y le hace daño salir al aire helado de la noche, le va a caer el sereno, porque trabajó

 todo el día cocinando el cerdo.
 

Caminamos en la oscuridad del camino, vamos encontrando muchas personas que andan

también gritando, se escuchan los cantos a la virgen y alguna que otro cohete, eso es porque

han subido de precio, están caros dice mi abuelo, y que este año solo compró media docena,

esto que pidiendo rebaja se los dieron en cuarenta,  pero le pedían cincuenta pesos, con lo que

cuesta ganar los reales, solo va a reventar tres en el repique de media noche y tres en el del

medio día siguiente,- eso le he escuchado decir.


Ya llevo mi costal de caramelos a la mitad, donde Doña Ángela, la señora que vende pan, nos

dio gofios; me gustan los gofios,

 - A mi no me gustan dice la Marla-  parece que estas comiendo pinol. La luz que va adelante nos apura,

 dice que andan chavalos malos gritando también.

De repente la Juani, grita y llorando se agarra de mi mano,

 - un chavalo me arrebató mi costal de caramelos, - me dice- no se calma, pero seguimos caminando, le decimos que le vamos a dar de los nuestros pero insiste que quiere su costal, La Luz le da el de ella y la Juani se calma un poco.


Llegamos donde El Peter,  esta con su azafate lleno de gorra, - hola muchachas- nos dice-

casi no me ha venido gente a gritar, se me van a quedar los caramelos.

 -Tal vez es porque la casa esta alejada del camino, le responde la Luz.

Ya regresamos de nuevo a la casa, cargadas de caramelos, en la entrada nos encontramos a

mi papa Don Santiago, lleva en una mano, una bolsa de dulces y en la otra un gajo de

nacatamales.

 Le decimos - más nacatamales.

- Estos los vamos a comer en el desayuno... nos dice:

- Llevénselos a su mama, yo regreso después, - me faltan varias casas donde no he ido todavía a gritar,- nos dice y da la vuelta y sale rápidamente de nuevo al camino.


Hemos llegado a la casa alrededor de las 10 de la noche, con nuestros costales al rebalsar de caramelos los hemos vaciado todos  en el piso de la casa, todas metemos la mano en el montón, los escogemos y comemos uno detrás de otro.

 me ha empezado a doler el estómago, 

-Mama me duele el estómago creo que no voy a salir del fondo en toda la noche.

- Vos tenes la culpa muchacha por comer tantos caramelos... 

-Ya guárdenlos para mañana.


Estoy cansada y me quedo dormida en la silla, no se como, pero me doy cuenta que mi papa

me lleva cargando y me acuesta en la cama, mi mamá me cobija, la Marla y la Juani ya

estaban dormidas en esa misma cama, somos unas hermanas muy unidas y felices.


 No se cuanto tiempo ha pasado pero bruscamente siento que me sacuden de un brazo,  con un gran sueño abro los ojos,  es mi abuela, -

-muchachas, vamos a cantarle  "El Mil gracias a la Virgen" -es una alabanza que se canta a las cuatro de la mañana_,

Con el canto se me ha quitado el sueño, me encanta cantar; y todas empezamos a cantar alegremente, se escuchan los cohetes a los lejos y los cantos en las casas vecinas.


Mil gracias te doy señora

y alabo tu gran poder 

que con el alma en el cuerpo

nos has dejado amanecer

.

Ahora empieza de nuevo, nuestro consumo de caramelos, el objetivo es darles fin, ya son las

seis de la mañana, empieza el repique, mi abuelo pasa rápido por donde estamos nosotros

con el cerro de caramelos, se tropieza en ellos, y algunos vuelan por los aires hacía los

alrededores, la Juani intrépidamente los busca por todo el lugar.  Levanto la mirada y mi

Abuelo Don Tacho está con el cohete en una mano y el tizón en la otra, ya dispara y a lo lejos

en el cielo de diciembre retumba y revienta, mi padre rápidamente le pasa otro.


Ya sentadas o ya acostadas en el piso, el chavalero seguimos comiendo caramelos, cuando

se escucha la voz de mi abuela.

-Chavalas vengan a desayunar

-Se va a enfiar el chancho...

Así continúa nuestro banquete, de caramelos y cerdo.

Cuando se terminan las reservas de cerdos y caramelos, después de una semana nos toco empezar la cuenta regresiva y esperar el año que viene para volver a celebrar en grande la Gritería, la fiesta más importante de nuestra comarca Monte Redondo.

Mary Caballero

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